Lo artesanal como respuesta a una necesidad creativa.
En la realidad
en la que vivimos, el materialismo se ha elevado como una corriente de pensamiento
hegemónica, propiciando entre muchas cosas, la automatización del pensamiento y
la generación de objetos (tanto de diseño como de otros tipos) en gran
cantidad, y con poca preocupación en la calidad. Como respuesta a esta
problemática, varios colegas han reaccionado con distintos métodos, obteniendo
resultados favorables, como manifiestos y códigos de comportamiento, que les
han llevado a la producción de material de gran calidad y contenido.
Partiendo de
esto y tomando como referencia el manifiesto redactado por Gillen Ferrer, ex-director
creativo de Camper, donde este habla de retomar la espiritualidad a la hora de
producir diseño, y de pensar estrategias para desarrollar trabajos de calidad y
que sean amables con el planeta.
De esto surge
una reflexión a cerca de la profesión y actividad del ilustrador, y de la
importancia de la artesanía para esta, así como para el diseño en general. La
responsabilidad del diseñador no es solo transmitir ideas en lenguaje gráfico,
si no llevar la belleza y el goce estético a las personas, así como expresar
sus opiniones a partir del lenguaje de lo visual. Esta era la esencia de
movimientos como el Arts and Crafts, la Bauhaus, el art Noveau y el art Deco, movimientos
que acercaron la profesión del diseño a la de las artes, y buscaron consciente o
inconscientemente, su dignificación no solo como oficio, si no como ejercicio
intelectual.
Es entonces
que surge la idea de revalorar el trabajo artesanal de la misma manera, ya que
este da origen a nuestra disciplina; y de usar los recursos que se adquieren de
los procesos intelectuales y técnicos propios de dicha profesión; para
desarrollar un proceso creativo innovador que permita resultados inusuales y atractivos
El encuentro con el Ebru y su planteamiento como
solución creativa.
Como resultado
de un proceso dentro de las técnicas y métodos artesanales para la elaboración
de productos gráficos, se encontró una técnica que proviene de tiempos muy
remotos, y cuya historia lo relaciona estrechamente con la mayoría de las
culturas de la humanidad, el jaspeado en papel, cuyo desarrollo máximo es el
Ebru turco.
Esta técnica fue
elegida para la elaboración de este trabajo de investigación por que el proceso
para su realización es muy diferente al que se utiliza en el resto de las
técnicas gráficas, guardando la relación justa para ser considerada dentro de
las mismas. La idea es que al salir de su zona de confort, el diseñador que la
utiliza desarrolle un pensamiento creativo y comience la búsqueda de soluciones
por medios innovadores, así como revalore los medios no convencionales y las
posibilidades de las técnicas artesanales para el desarrollo de propuestas
gráficas.
Con esto se
logran tres cosas, primer, como ya se dijo, que el diseñador busque
alternativas para la solución gráfica; segundo, la revaloración de una técnica
artesanal de diseño que proviene de muchos siglos atrás, y cuya historia la
sitúa como una de las técnicas mas valoradas del pasado; y tercero, se acerca
al diseñador al material de nueva cuenta, ya que con las herramientas
digitales, muchos diseñadores se han alejado de los procesos manuales, por lo
que han perdido destreza en estas, demás de que se han apartado de los
materiales y se han des-sensibilizado, y esto ha propiciado que muchos
productos de diseño carezcan de un aura (como se le llama en artes). Aclarando,
este trabajo no esta en contra de el uso de herramientas digitales, si no en
contra de la manera en que estas se utilizan, que propicia la automatización
del trabajo de los diseñadores, que, por el contrario, debe ser consciente y
sintiente, fruto de habilidades entrenadas con esfuerzo.
Se pretende
con esta propuesta, enseñar al diseñador una técnica que no se ha usado (no de
manera constante) para hacer diseño en mucho tiempo, y que al retomar esta,
aprenda a hacer un esfuerzo para desarrollar su trabajo y a no buscar la
solución mas rápida, para que así revalore su propio trabajo como un producto
estético, y sienta de nuevo la emoción de crear, que se ha perdido debido a la
sobreproducción de imágenes.
Así, al
proponer el Ebru como técnica de solución gráfica creativa, se intentará humanizar
al diseñador, despertándolo y sensibilizándolo al enfrentarlo con un reto cuyo
resultado es un producto estético bello, y recordándole así que sus creaciones
son una extensión de su persona, y que por lo tanto debe valorarlas no solo en
metal, si no mucho mas como objetos culturales, comunicadores y estéticos, que
no merece cualquiera que pueda pagarlos, si no aquellos que sepan apreciarlos;
es decir, que el diseño no debe ser un lujo costoso que solo pueden pagar
algunos, si no una actividad que se debe apreciar por su dificultad,
realización y poder comunicativo.